La teoría del cierre categorial después de Gustavo Bueno

José Manuel Rodríguez Pardo

España

Muere el filósofo Gustavo Bueno, el escolástico puro - Stecyl-i

El filósofo Gustavo Bueno (1924-2016) fue el acuñador y principal autor del sistema conocido como materialismo filosófico. Pese a su enorme difusión a través de numerosos medios y en muchos lugares del mundo, el núcleo de su filosofía permanece casi desconocido. Se trata de su Gnoseología o Filosofía de la Ciencia, que recibe el nombre de Teoría del Cierre Categorial.

Esta parte del sistema del materialismo filosófico vio la luz en forma de cinco primeros volúmenes entre los años 1992 y 1993, tras varias décadas de preámbulos en diversos lugares. Frente a las habituales filosofías de la ciencia de corte anglosajón, que postulan a las como descripciones de hechos observables o entramados teóricos que pelean entre sí como las especies de Darwin por explicar esos hechos (o incluso, como sucede en el materialismo sistémico de Mario Bunge, las teorías científicas son un reflejo de los hechos del mundo), Bueno definió a las ciencias en su teoría del cierre categorial  como transformaciones efectivas de nuestro mundo, cristalizando estas a través de operaciones que realizan sujetos humanos a través de términos que remiten a otros términos de su misma especie. Este cierre operatorio es lo que Bueno denomina como cierre categorial, la formación de nuevas categorías. Así, la primera categoría científica surgida históricamente fue la Geometría, para después ver la luz la Mecánica, la Química, la Biología, etc. Afirmaciones como «La materia ni se crea ni se destruye, solamente se transforma» (Lavoisier) o «Toda célula proviene de células» (Virchow) constituyen principios de cierre de las categorías química y biológica, respectivamente.

El año 1993 vio la luz el número 5 de los 15 volúmenes que Bueno había proyectado. En ellos, se plantea un proemio y siete diferentes enfoques sobre el estudio de la ciencia, desde la ciencia como mero «saber hacer»  o prudencia hasta las ciencias humanas y las ciencias naturales, para después clasificar las distintas filosofías de la ciencia según cuatro familias básicas, resultado de componer la relación entre los hechos y las teorías. De resultas que estos cinco primeros volúmenes se dividen en dos partes: la Parte I es proemial, y la Parte II sistematiza las diferentes teorías de la ciencia que se suponen ya dadas a escala gnoseológica.

Sin embargo, estaba previsto que otras tres partes, de la III a la V pretendía abordar cuestiones mucho más ambiciosas, desde las diferentes formas en que tiene lugar el cierre categorial o clasificación de las ciencias, la dialéctica entre las distintas ciencias y la propia concepción que de la ciencia tiene el materialismo filosófico. Este primer punto estaba previsto abordarlo desde el Volumen 6 que Bueno desarrolló hasta el 15 que finalizaría el proyecto de la Teoría del Cierre Categorial. Especialmente durante los años 2000 hasta el año 2006 aproximadamente, con vistas a la publicación de un sexto volumen que por diversas circunstancias no llegó a ver la luz (Bueno, G., 1992, p. 4).

No obstante, muchos de los conceptos de la Gnoseología materialista fueron incluidos en otros trabajos y libros que se fueron publicando durante esos años. Uno de ellos es el de la involucración o intersección de las diversas categorías científicas, decisivo para poder seguir desarrollando el sistema del materialismo filosófico.

Las diversas categorías científicas, constituidas como tales a lo largo de la Historia, tanto las más añejas, como la Geometría o la Astronomía, como las ciencias más recientes (Biología, Química, etc.), no se consideran desde esta perspectiva como esferas de la realidad aisladas entre sí, en el sentido del megarismo, como modulación del monismo metafísico, que afirma que «nada está conectado con nada», sino que tienen algún tipo de vínculo entre sí, ya sea compartiendo términos que serían comunes o descomponiéndolos a diversas escalas. Todo ello resulta clave para determinar cuáles son los principios de cada categoría científica y cómo surgen las nuevas categorías, que compartirán términos o descompondrán los términos considerados simples en otros más complejos. Como señala el propio Gustavo Bueno en el Tomo 5 de su Teoría del Cierre Categorial, la Química clásica fue descomponiendo sus elementos básicos a medida que surgía la teoría atómica o la Genética, y se iban incluyendo dentro de la Biología, la Física, etc.

Asimismo, en varios lugares Bueno aclara que lo que denomina como «cierre categorial» como constitución de una categoría científica diferenciada de otras, no implica  aislamiento o clausura de una categoría respecto a otras. Siguiendo con el mismo ejemplo, que la Química clásica, lejos de tener que permanecer aislada o clausurada en un campo y escala definidos por la tabla periódica, haya entrada en comunicación con la teoría del calor, con la teoría de la electricidad, e incluso con la teoría atómica, no significa que su cierre categorial se haya roto o se haya desvanecido. Por el contrario, ese cierre permanece en la misma medida en la que permanecen los eslabones de la cadena, los elementos químicos (como la Genética permanecerá en la misma medida en que permanezcan los «eslabones» genotípicos) (Bueno, G., 1993, p. 135).

De esta idea originaria que apareció en 1993, Bueno fue desarrollando diversas cuestiones; así, cuando se refiere a la formación de disciplinas de nuevo cuño (no necesariamente científicas), señala varias vías de constitución de las mismas a partir de disciplinas o categorías ya dadas. Dos son las vías principales: la que denomina como «desprendimiento» de alguna categoría dada de algún componente suyo, o el de «incorporación» en una categoría de contenidos propios de otras categorías, que tomado en un sentido amplio incluye el de «involucración entre categorías» pero no se reduce a él: así, existe involucración entre Aritmética y Geometría en la famosa «serie de Leibniz» utilizada por el filósofo y matemático para calcular el valor del número π  (Rodrνguez Pardo, J.M., 2019, p. 30).

Asimismo, dentro de la Biología existe una poderosa involucración bioquímica, cuyo máximo ejemplo lo podemos comprobar en este año 2020 con la pandemia del COVID 19 que estamos sufriendo. La categoría biológica es el resultado de la intersección o involucración de dos campos a distintos niveles de integración, el de la Biología y el de la Química. La involucración bioquímica, especialmente a la escala del ADN, es fundamental para entender el mecanismo evolutivo. Si bien es cierto que la finalidad orgánica siempre se refiere a algo externo al organismo, lo que Bueno determinó como finalidad alotética (Bueno, G., 2000, pp. 161-3), no puede descartarse la importancia de la química de los ácidos nucleicos a la hora de configurar, a través del genotipo, el genoma, el fenotipo individual. Precisamente, la actual pandemia del coronavirus nos ha devuelto a la actualidad la importancia que los virus han tenido en la evolución biológica. Estas «cadenas sueltas» de ADN y que en virtud de su configuración intervienen teleológicamente en las células de los organismos vivientes, bajo la forma de «huéspedes». Pese a todo el alarmismo que se ha desatado los últimos meses (que no vamos a comentar aquí, pues excede el tratamiento de este artículo), la tendencia normal de los virus no es la de aniquilar a los organismos que los hospedan, sino usarlos de forma simbiótica para desarrollar su único fin: replicarse a sí mismos. Por lo tanto, a medida que los virus van mutando, van debilitándose para así disminuir su tasa de letalidad y garantizar así su replicación, tanto en el caso de virus patógenos como no patógenos (Rodríguez Pardo, J.M., 2020, p. 20).

Como puede comprobarse a lo largo de la Historia, la pluralidad de las ciencias es esencial a la existencia de las mismas, por encima de las pretensiones de diversos tipos de fundamentalismos científicos que pretenden reducir todas las categorías a una sola de referencia.  Es esa misma pluralidad la que permite establecer el campo propio de cada ciencia y sus límites, según un criterio inmanente a las propias ciencias, teniendo en cuenta que cualquier campo es en gran medida común a ciencias positivas distintas. Esto implica que cada ciencia no agota íntegramente su campo categorial. Y si las ciencias categoriales no agotan los campos o dominios que cultivan, esto significa que, sin perjuicio de las categorías, quedan muchos contenidos comunes a diferentes dominios, campos o categorías, que facilitan el fenómeno de la involucración. Los propios campos categoriales no se pueden concebir como conjuntos de términos pertenecientes a una misma clase homogénea de términos; antes bien, los términos de un campo categorial habrán de entenderse como enclasados en clases diferentes, lo que nos lleva a ver los campos categoriales no como esferas homogéneas o lisas, sino como agregados heterogéneos.

Hay que aclarar asimismo que lo que denominamos como «campo gnoseológico» (científico o no) es principalmente el territorio en el que tienen lugar las operaciones con conjuntos de términos dados, que mantienen relaciones unos con otros, y que dan lugar a transformaciones de unos términos en otros términos pertenecientes a ese territorio. Transformaciones previamente preparadas por las técnicas, de cualesquiera tipos que sean (por ejemplo, la Agrimensura como precedente de la Geometría). Y, por extensión, lo que se dice de las ciencias habrá que decirlo de otras disciplinas que mantengan alguna semejanza o parentesco con las ciencias positivas (tales como la Geometría, la Termodinámica o la Genética), o incluso con aquellas que se autoconciben así en determinadas épocas pero no lo son en absoluto, incluyendo a algunas disciplinas filosóficas (Bueno, G., 2005, p. 41).

Un campo gnoseológico estará siempre inmerso en un espacio gnoseológico, porque ninguna ciencia puede considerarse capaz de agotar su campo, siempre «superficial» (aunque sea el «campo unificado» que buscan los físicos); es decir, porque su campo gnoseológico está limitado por los campos de otras ciencias o de otras disciplinas que no son científicas.

Precisamente, es en el interior de los campos gnoseológicos donde se produce el plural y diverso fenómeno de la involucración entre categorías científicas, un aspecto que Gustavo Bueno dejó sin completar dentro de su Teoría del Cierre Categorial y cuya terminación constituye un gran desafío.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS.

Bueno, G. (1992). Teoría del Cierre Categorial, Tomo 1. Oviedo: Pentalfa.

Bueno, G. (1993). Teoría del Cierre Categorial, Tomo 5. Oviedo: Pentalfa.

Bueno, G. (2000). Televisión: Apariencia y Verdad. Barcelona: Gedisa.

Bueno, G. (2005). El mito de la felicidad. Barcelona: Ediciones B.

Rodríguez Pardo, J. M. (2019). La involucración de las categorías científicas. Revista Metábasis, Nº 2, pp. 5-51.

Rodríguez Pardo, J. M. (2019). El problema de la finalidad en los organismos vivientes. Segunda parte. Revista Metábasis, Nº 7, pp. 5-46.

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